domingo, marzo 10, 2019

El hombre de la casa

Las niñas, en mi época adolescente, esperaban un príncipe azul.


En el año 1979 estaba viviendo los 7 años de edad. El presidente de Colombia era Julio Cesar Turbay, en un país inmerso en la violencia de las guerrillas, por lo que los ciudadanos permanecíamos bajo toque de queda perpetuo.

Mi mamá, poderosa, lidiaba con cuatro críos y cuando mi papá salía de la casa a su trabajo me decía que era el hombre de la casa.
El mundo está incorporando en sus grandes ciudades nuevos principios de tolerancia y apertura a las diferencias a tal velocidad que no ser diferente va a ser un defecto social.


Aceptamos la inclusión con agrado porque gran cantidad de revolucionarios cambios en nuestras vidas vienen directamente de las mentes de los “seres extraños” que históricamente han demostrado tener mejor sensibilidad, talentos con los números o afinidad natural  para los negocios.

Las mujeres están incluidas en la lista de los cambios más radicales de los últimos 50 años. Los roles de hombres y mujeres estaban establecidas de acuerdo a la cultura de cada pueblo en particular. Ahora en las ciudades sabemos del potencial de cada una de estas personas que a veces superan al otro género.

Las niñas, en mi época adolescente, esperaban un príncipe azul. La idea, conjeturo, es que llegara un hombre atractivo con buena economía que las protegiera. La situación más cotidiana que resultaba era que sus parejas aprobadas en la casa las superaba en edad por varios años, a veces más de diez.

Las variables son múltiples y sus descripciones metódicas o alivianadas pueden ser contenidas en un libro. Por lo que de un tajo me salto a describir unas comunidades humanas donde las familias deben establecer unas normas de convivencia alejadas de las tradiciones instaurando poderosas costumbres que solucionen el impacto de una confrontación de géneros.

En la última década la mujer cubre más roles y los hombres nos enfrentamos a la paradójica posición de ser menos preciados y de enfrentarnos a hermosas mujeres que tienen el poder de atemorizarnos con sus cualidades. Un asunto para ellas que da origen a libros por montones describiendo la soledad femenina. Muchos proponen bajarle el ritmo a estas transiciones que destruyen por completo nuestra idea de la familia.

Yo tengo fe en el amor como el eje de las relaciones humanas. Más allá de la mera catalogación biológica o química. Tengo enorme esperanza en el afecto entre nosotros, ese cariño entre personas que lleva a la lealtad, el respeto, el sacrificio. Todas esas cosas que rompen murallas y acerca naciones para que seamos juntos el hombre y la mujer de la casa.  

1 comentario:

  1. Esperanzador en medio de tanto caos y mente abierta, intenta restituir valores pero que siendo tan permitivos la verdad tal cual no estimo que puedan adoptarse (soledades/poliamor/etc). Aun tienes un bonito y sano pensamiento, eso es lo que vale.

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